Deseo
Los deseos en del “Diccionario de los Sentimientos” de José Antonio Marina, y Marisa López Penas:
….hay experiencias que afectan al ser humano en su totalidad· No le dejan indiferente sino que le conmueven‚ zarandean o apaciguan· El diccionario las llama‚ con gran sentido común‚ afectos· AU los define como “pasión del alma‚ en fuerza de la cual se excita un interior movimiento‚ con que nos inclinamos a amar‚ o a aborrecer‚ a tener compasión y misericordia‚ a la ira‚ a la venganza‚ a la tristeza y a otras afecciones y efectos propios del hombre"· El panlexico añade: "Inclinado‚ adicto‚ propenso” O sea hay que experiencias que afectan más que las otras‚ moviendo a sentir sentimientos o inclinando a hacer algo· Me entero por el diccionario de que cuando los humanos ven un árbol no se enarbolan‚ pero cuando ven algo triste‚ se entristecen
·Puedo decir con un alto grado de probabilidad– calcular estos grados es lo mío‚ y no fiarme de pálpitos‚ intuiciones y otras zarandajas‚ como los terráqueos– que los afectos se dividen en impulsos y estados· Al conjunto de los impulsos‚ inclinaciones y tendencias‚ propensiones‚ móviles‚ deseos‚ lo llamaré “territorio motivacional"· Al conjunto de estados afectivos‚ sentimientos‚ emociones y humores “territorio sentimental"·
….Los antiguos filósofos decían que el hombre tiene dos facultades: nous y orexis‚ inteligencia y deseo· Una le pone en contacto con la verdad‚ la otra con el bien· El entendimiento es receptivo ‚ el deseo es tendencial‚ impaciente‚ dinámico· El deseo discurre‚ en el animal que tiene logos‚ paralelamente a ese logos.Por eso la elección es "inteligencia deseosa” o “deseo inteligente” y esta clase de principio es el hombre· Aparece entonces el reino de la praxis‚ pues mientras que en el caso de los demás animales lo forzado es simple‚ como ocurre con los objetos inanimados (pues no tienen una razón y un deseo que se opongan‚ sino que viven segun sus deseos) en el hombre‚ en cambio ‚ ambos se hallan presentes y a una cierta edad‚ a la cual atribuimos el poder de obrar‚ pues nosotros no aplicamos este término – praxis– al niño ni tampoco al animal‚ sino sólo al hombre que obra utilizando el logos…
Desear es una metáfora lexicada‚ maravillosamente poética· Procede del latin “de–siderare"‚ palabra compuesta de un derivativo‚ y "sidus–eris"‚ “astro".Así que desear significa “echar en falta un astro"· Es ante todo el sentimiento de ausencia‚ aunque más tarde se impuso el significado de “buscar‚ obtener‚ anhelar"·
El deseo es un tema que obsesiona a los seres humanos en las últimas décadas· Viven‚ segun muchos autores en una cultura del deseo· Los griegos acuñaron la palabra plexonía para designar con desprecio los excesivos anhelos· Y los moralistas previnieron contra ellos· Los budistas‚ miembros de una religión a la que tendré que referirme porque recomienda una peculiar vida sentimental‚ consideran que el deseo es el fundamento de la tragedia del yo personal· Quien se libera de deseos se libera de la tiranía del yo y alcanza una libertad completa·
Pero la cultura occidental no parece seguir esos caminos· Su sistema económico y vital se basa en continuas promociones masivas de deseos· Esta actitud produce un tipo curioso de personalidad.
Dos autores franceses‚ Deleuze y Guattari‚ desde la psiquiatría ‚ o mejor‚ desde la antipsiquiatría‚ consideraron que cada ser humano es una colección de máquinas deseantes· Cada uno con deseos autónomos e incoherentes‚ dotados de su propio dinamismo‚ es revolucionario en esencia‚ es explosivo‚ y por ello ninguna sociedad puede tolerar la circulación de los deseos reales sin ver comprometidas sus estructuras de explotación‚ de servidumbre y de jerarquía· Esto explica otra contradicción en los humanos‚ o al menos en los humanos occidentales: incitan continuamente al deseo‚ pero tienen que poner freno al deseo porque es subversivo del orden social·
El castellano distingue entre un deseo general y algunos deseos particulares· Deseo es la experiencia consciente de la tendencia hacia algo real o imaginario cuya posesión buscamos· “Anhelo o apetencia del bien ausente y no poseído"‚ dice AU· La posesión parece ser el fin del deseo· Apetito‚ es un pariente del deseo· Es un sinónimo a la baja· Suele usarse para designar deseos carnales· Gana es el sinónimo castellano del deseo· Una palabra autóctona de dificil traducción a otras lenguas· Tiene la ventaja de admitir un contrario: desgana·Una atención especial merece la palabra querer‚ porque pone de manifiesto las intrincadas relaciones que el sentimiento y la acción mantienen· Significa “desear"‚ pero también “tener la intención de hacer algo” o “la decisión de hacerlo” o “empeñarse en ello"· Y por último‚ ha llegado a ser sinónimo de amor·
….La historia básica del deseo se cuenta enfatizando aspectos distintos· El primero que voy a considerar es la intensidad· Hay un deseo impaciente e intenso: el anhelo· Palabra culta y espiritual· La vehemencia hace que el anhelante espere respirando trabajosamente‚ con el hálito perdido· Otro deseo vehemente es el ansia· Ambas acepciones– deseo y angustia– tienen dos rasgos comunes: la agitación y la dificultad para respirar· Los humanos pierden la respiración por muchas cosas y vale la pena detenerse en tan curioso mecanismo· Las dificultades respiratorias se dan – según los diccionarios – en varias familias sentimentales: la congoja‚ el anhelo‚ el ansia‚ el agobio y la angustia· Con un resuello de tanta repercusión psicológica no es de extrañar que al espiritu le llaman "pneuma” o aliento· El ansia es un malestar físico que se manifiesta principalmente en la respiración jadeante· El anhelo guarda la huella de su antepasado latino an–helare‚ “respirar con dificultad"· Covarrubias da una explicación de esta falta de resuello apelando a la prisa del deseo· Anhelar vale tanto como respirar con dificultad· Angustia deriva del latin Angustus‚ “estrecho o cerrado"· También agobio significa sofocación y la congoja es un sentimiento que ahoga· Etimológicamente precede del latin “congoja” que es una especie de tristeza; el ansia es deseo‚ pero también angustia· Todo provocan intranquilidad‚ agitación e impaciencia· A mediados del siglo XIX apareció la palabra ansiedad‚ “estado de agitación‚ inquietud y zozobra de ánimos” (DRAE 1899)· Angustia‚ preocupación e impaciencia por algo que ha de ocurrir· Parece que el malestar del ansia está producido por la impaciencia del deseo y el temor de no poder saciarlo· Se nos presenta aqui la cara oscura del deseo· El deseo es impaciente‚ intranquilo‚ desasosegante y angustioso· Es posible que este aspecto dramático del deseo se acentuara con la aparición del romanticismo· Los deseos y una parte importante de los sentimientos incitan a obrar· Una acción puede realizarse en modos sentimentalmente distintos· Paciente o impacientemente‚ con solicitud o con descuido· Pero el lenguaje es suficientemente perspicaz para saber que en la antecámara de cada acción hay siempre sentimientos que la impulsan ‚ la mantienen y la orientan.
El día esta lluvioso, como mi ánimo. Lo único que tengo claro es que debo salir de Los Arcos, el camino me dirá dónde detenerme. Salgo de Los Arcos con paso lento, los pies duelen mucho, y soy adelantado por peregrinos que enseguida pierdo de vista. ¡Cuán distinto de anteayer! Paso a paso me acerco a una pareja de peregrinos que van parando cada poco. Me uno a ellos y acomodamos nuestros pasos. En el camino siempre hay alguien que puede acompañarte, ni siquiera has de buscar compañía a toda costa, debes disfrutar de tu soledad o de la compañía que encuentres, disfrutar de cada ocasión. El tramo de Los Arcos a Sansol es un continuo sube y baja: en las bajadas veo las estrellas con el talón y en las subidas duelen las ampollas delanteras. Poco a poco nos acercamos a Sansol y tras él, girando un poco, Torres del Río. Apenas hemos andado ocho kilómetros, nos detenemos a almorzar y cuál es mi sorpresa cuando en el dintel del bar aparecen juntos tres símbolos del camino: la Tau, la Pata de Oca y la Cruz Templaria. Ese sin lugar a dudas es un lugar especial, además de la presencia de la iglesia del Santo Sepulcro, templaria como Santa María de Eunate y, como ésta, símil del templo de Jerusalén. Otro lugar mágico del camino. El bar de la Pata de Oca me sorprende muy gratamente por su decoración y por sus generosas raciones. Entablo conversación con Virginia y me informo acerca de los horarios de visita de la iglesia. Mis compañeros de hoy deciden partir. La conversación es animada. Conoce toda la simbología del camino y es muy buena anfitriona. Me regala una bola de cuarzo rosa para que me de energía en el camino. Sus consejos acerca de la amistad, la magia de la gente y del camino interior de sensaciones y sentimientos que cada uno hacemos a lo largo de nuestra vida es algo que ha influido en mi pensamiento. Un día especial. El peregrino vuelve a andar y descubre que el camino es el que indican las paradas, tan sólo hemos de fluir por él e interpretar las señales como nuestra intuición, entendimiento o voluntad quieran hacerlo. Me alojo en el refugio que regenta la asociación Vía Lactea, lleno de simbología templaria y hospitalaria. Visito la iglesia y, si en Eunate todo es luz, nacimiento y vida, aquí es oscuridad, negrura, muerte. Cara y cruz de la vida. Dos iglesias de la misma planta y probablemente los mismos arquitectos y que provocan dos sensaciones tan distintas. A partir de hoy el camino señala y el peregrino atiende esas señales.